Las ilusiones, los sueños, aquellas cosas que nos motivan en la vida, todo lo que queremos cumplir aunque sea una sola vez, para lo que dedicamos nuestras vidas y nuestro esfuerzo.
Todo el mundo tiene sueños, todo el mundo tiene ilusiones, pero no todos lo intentan hacer realidad, ellos se imponen un castigo a si mismos y se arañan con sus propias espinas, aquellos que se golpean a sí mismos a fin de que su dolor interior no destroce su corazón, intentando no vivir por inercia y perder todo el sentido que hasta ahora tenían sus vidas y entonces,¿Qué queda por hacer? Cuando tu existencia se basa en un ciclo repetitivo que si cambia nos sentimos perdidos, para aquellos que su vida consiste en un horario, casa-clase, clase-casa...
Para aquellos que cuando duermen abrazan a la almohada y sueñan, sueñan con volar tan alto, tan lejos y tan rápido que nadie se diera cuenta de que desaparecemos, que rompemos los esquemas, el ciclo, la rutina y la inercia, que aparecemos de repente en el foco de nuestras ilusiones, como si fuera una imagen real y tan real... que despertamos en un baño de lágrimas en la almohada.. cada mañana.
Yo he pasado largas noches en escenarios regalando la música que llevo dentro y, si no recuerdo mal, la gente lo disfrutaba tanto como yo, era mágico y me regalaban miles de sonrisas, miradas de complicidad y aplausos que iluminaban mi cuarto milímetro a milímetro.
Nada era eterno, reinaba la oscuridad y el silencio, y una vez más me desperté y de poder haber visto algo entre la penumbra hubiera visto a esas pocas personitas tan especiales que sabes que siempre están a tu lado y se dejan ver cuando más lo necesitas.
Yo hay noches que siento que muero ahogada en mis propias lágrimas y temo encender la luz y no ver nada, abrirmis ojos y verme sola junto al agridulce néctar de un corazón dolorido que late por cumplir todo aquello por lo que comenzó a marcar su ritmo, un ritmo de espera que quién sabe cuando dará su fin...
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