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miércoles, 11 de enero de 2012

Una nota con amor.

Camino al compás de la música, en un día como otro cualquiera, en una vida relativamente fácil. Tengo los motivos suficientes para sonreír, y claro que lo hago, hasta que desvío la vista y lo veo... Una lágrima resbala por mi mejilla sin poder evitarlo, de un golpe aquel hombre me mostró lo más duro de la realidad, la crudeza con la que una vida puede tratarte, sin hablar, sin mirarme, recostado en un cartón junto al cajero del banco, irónico ¿verdad? Descansando en la morada del enemigo, viviendo en sus propias carnes lo difícil de vivir sin un techo, con el frío clavándose en sus huesos, atravesando sus entrañas, enfriando su pobre corazón. Me freno en seco, le miro con descaro, la tristeza me inunda por dentro y lamento no tener ni cinco míseros céntimos, me odio por mi propio egoísmo cuando me siento mal por no tener los bolsillos llenos... y, al mismo tiempo visto mis zapatillas nuevas, mi camisa recién estrenada y mi chaqueta más calentita. ¿Hasta qué punto el ser humano puede llegar a ser tan duro consigo mismo? ¿por qué? ¿por qué? esa gente tiene que vivir en la calle mientras otros descorchan una botella de champán, abrazan a sus seres queridos bajo el edredón, ven una película en su pantalla de plasma... o simplemente tienen donde refugiarse del frío y de la lluvia. Sigo caminando y sin embargo no puedo olvidar a ese pobre hombre, abandonándole a su suerte... Retrocedo y entro en el primer bar que me encuentro, pido un bolígrafo y en una servilleta de papel me pongo a escribir. Cuando volvía a casa, aun sabiendo que no hice nada especial, mi corazón me perdonó por seguir caminando, después de haber dejado aquel papel en la ranura de la puerta del banco, donde al día siguiente aquel hombre leería, posiblemente con indiferencia: "Aunque no haya podido ayudarte, ni abrigarte del frío o darte que llevarte a la boca, no podía irme sin antes decirte, que a partir de ahora no estás solo, alguien te lleva en su corazón, me has dado una lección, gracias y suerte. Ruth"

3 comentarios:

Damian dijo...

Pero que grande eres Ruth! :) Grande lección.

Anónimo dijo...

Mi niña...tu corazon siempre ha sido enorme,por eso no me sorprende que ese acto de humildad haya sido tuyo, hoy me siento orgullosa de haber compartido parte de mi vida contigo.
Un superbeso con sabor a limon y fresa.

Sitar Amin dijo...
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