Y ya cuando el cielo cubre de blanco las aceras, yo no siento frío.
La tristeza me congela las entrañas, mi corazón se agrieta como un bloque de hielo, frágil pero duro,apunto de hacerse pedazos.
Entonces he de preguntarme ¿Ahora qué?¿Qué viene después de la nada?
Después de tanto dolor abrasante el vacío me ha invadido con su gélido tacto... y no siento, porque no se como hacerlo.
No siento las manos, no, no es por el frío, está todo dentro, es dolor por el ansia de aferrarme a mis sueños, que se clavan como agujas y se me antojan como un imposible... no dejarán de ser sueños, no dejarán de ser agujas.
Es momento de plantearse donde comienza todo y nos aguarda el fin, donde las lágrimas duelen más... si en realidad todo esto tiene lógica
alguna, si existen motivos y si todo pasa por algo, o mejor dicho, si esto en realidad está pasando...
Yo siento el dolor, al menos creo sentirlo, me arde el corazón como el hielo sobre la piel, siento que voy a ver mis manos bañadas de sangre y creo saber que todo irá bien, al menos... eso espero.
¡Llévame! llévame lejos, si en realidad estoy menos loca de lo que pensaba...
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